medialunas en la espalda

Se me llenó la espalda
De medialunas rojas
Por donde tu mirada
Paseó sin preguntar
Besándola como las olas
De un mar desesperado
Que furioso de pasión
En las barrancas murió
Y Marcándola con fuego
en la piel se dibujó.

A los gritos

Me paro al frente de la multitud, y con la frente bien alta me pongo a gritar.
A gritar las pequeñas cosas.
A llorar la toalla mojada sobre la cama, el cepillo de dientes caído.
A renegar de los platos sin lavar y la ropa desordenada.
A lamentar las soledades y las largas esperas.
A confesar el sentimiento desolado
Inútil y desarmado.
Que suerte
Que lo que teníamos no desapareció.
Cómo irse volando de aquel paraíso arrancado
Cómo olvidarse de lo que sucedió.
Ya no creo más en el pasado
Ya sé que estamos los dos
Atascados en el medio de la vida
Pero al menos no tengo que pedirte perdón. 

qué diría...

¿Y si la muerte estuviera a la vuelta de la esquina?
¿Esquivando promesas de longevidad?
Que diría ayer, cuando no lo imaginaba.
Que digo hoy cuando no quiero sospecharlo.
Digo una galería
Digo dos mecedoras
Digo dos amantes
Digo dos vidas.
Como de ochenta años.
Por lo menos...

Cuando te despertas

Hoy te despertás, me mirás. Tratas de mirarme en realidad, pero un ojo se te cierra. Creo que es el izquierdo. Haces un esfuerzo gigante pero esos ojos de aceituna te hacen renegar.
Anoche habrás dicho algunas palabras indescifrables y hoy ya tenés que estar en el mundo de nuevo. Así como ayer subimos las escaleras y te esperé para que me empujes, hoy descendemos.
Yo creo que vos a veces no entendes, ¿porqué decís cosas tan inoportunas? Y te parece que es mejor que yo deje de pensar que son inoportunas en vez de dejar de decirlas.
El tiempo te atormenta, te atormenta el deber, y el tener. Pero tengo la esperanza de que en algunos momentos eso se disipa. Justo antes de dormir, con un beso en la frente y los pies escondiditos. Justo después de hacer el amor, con mimos que hacen caminos en tu cuerpo y se aprenden tu piel de memoria.
Te regalo mi perfume, si te parece que mi piel sabe así. La tuya es deliciosa sin condimentar. Es deliciosa tu voz en mi oído y tu cuerpo adueñándose del mío.
Y cuando pasemos por algún lugar, le diremos adiós, saludando con nuestras manos, a algún desconocido, o quizás a nadie, solo por divertirnos.
Siempre tengo el oído atento para saber cuándo llegas. No tengas miedo por eso, que de esperarte seguro que te habré de esperar.

Antes

Como si creyera
                       Que antes de todo
                                                 Antes de la mujer que estuvo antes que todo
                                                                                                                     Antes
                                                                                                                                Éramos lo mismo.

Mis pies

A veces llego tarde, y la cama me sienta demasiado grande. Me parece que alguien debería cuidar mis pies, mis ventanitas al alma. Me acurruco como si aún no hubiera empezado a ser, y cierro los ojos fuerte, para poder dormir. Y veo mis piececitos, sucios de recorrer la tierra seca y sentirla cerca, lastimados de andar, de tropezar y de seguir. Me río antes de empezar a soñar, pienso en todos los papelitos que mis bolsillos guardan para no ensuciar las calles, en las naranjas que mi mochila lleva, en contar hasta diez después de cada relámpago para no temer al trueno, en como me tapo los ojos cuando va a pasar algo malo, en todos los recuerdos que los perfumes y los sonidos viejos encierran
Y así, transformada la soledad en cantos de pajaritos por la mañana, me dejo llevar un poquito mas allá, al costadito del camino-vida para descansar del sol de hoy.

Rayo

Ando buscando
Un rayo fulminante,
De deseo… de brutal deseo.
Que caiga sobre mi y me rompa.
Que suba desde mis dedos y me electrice.
Que apriete, que muerda, que chupe, que abrase.

¿Sabes?

Hoy me desperté, y me sentí consumido. No te puedo explicar esta vaga sensación. Pero ¿Sabés? Es como si tuviera el vientre corroído. Si, un poco por encima de mi cinturón. Solo un poco después, empieza un cosquilleo. No llego a verme desde acá arriba, pero no estoy seguro de qué será. Siento como ventanas, pero son ciegas, ¿Sabés? Eso creo, que no ven, aunque miren hacia alguna parte. ¿Viste esos días en los que te sentís tan gris como la ciudad? Así me siento. Deben ser las nubes. Está oscuro. Mi cuerpo está enfermo de soledad, por eso mi estomago se pone gris. Siento… creo que ya no siento. ¿Sabés?

si

Si todo fuera evitable,
                                entonces.
Si hubiera sido probable
que la nada sucediera,
                                en ese caso.
Pero no, ¿verdad?
No.
Qué pestañas enmarcan
el hilo
que me esta enredando. 


Una tarde, una vida.

Tarde de pena, noche de insomnio.
Está esa tarde en la que comienzo a sentir angustia. Está ese críptico instante en el que sé, con mi cuerpo, que algo esta sucediendo. No es que haya sabido con anticipación. No es que hubiera podido imaginarme nada de lo que la vida nos tiene preparado para servir de postre. Sencillamente, mi cuerpo es golpeado con el ímpetu de las sensaciones que uno no es capaz de descifrar hasta tanto después.
Cuando la voz triste se anuncia, vacía de energías, por el auricular del teléfono, entonces todo tiene sentido.
¡Qué no daría yo por verte feliz! Y ahora, nada menos que esto.
Al parecer, abril ya no es el otoño del romance.
Aparentemente, ahora el amor se corresponde con un "gracias".
Y mientras yo vacilo entre elegirte y elegirme, el hilo de una vida se tensa, se rompe, desaparece y esfuma a alguien que ya no es, que ya subió (subió, bajó, voló, viajó), que ya está tan lejos de todo lo que podamos comprender.
Y ahora, ¿qué relevancia tienen los 7.897.654 millones de deseos que tuve antes?