Marina


Una idea está dando vueltas por su cabeza. Su figura esbelta se recorta en la calle solitaria. Lleva su pelo castaño recogido, pero inquieto; pesado, pero con serias intenciones de rizarse en cualquier momento. Su paso es más que lento, aunque cadencioso. Sus manos de dedos largos van cantando melodías al paso de las rejas y de cualquier cosa que suene a su golpeteo rítmico. Sus pies chiquitos, que siempre tropiezan, se arrastran un poco, casi por la inercia del caminar.
Aunque camina por una vereda de su barrio, parece que en realidad está andando en bicicleta por la playa. Parece que está sumergiendo sus pies blancos en el agua salada. Tiene la mirada color miel, como cuando sueña con cantar.
Algo anda rondando sus intenciones.

cero cero cinco cuatro

Perdí el papelito en el que anoté tu número de teléfono. ¡Como si fuera a llamarte! Y, es más, como si, en el caso de que pudiera hacerlo, tuviera algo para decirte. No encuentro ese papel, que escribí afiebradamente. Como si ese trocito de mundo tuviera algo que ver con nosotros. Con vos, conmigo. Aún más. Ya no sé si de encontrarlo, llamarte, decirte, ya no sé, digo... si habré de reconocerte.