Es sólo el pie. Digamos, esa partecita olvidada de nuestro cuerpo que permanece escondida detrás de unas zapatillas incómodas todo el tiempo. Un pie que otras veces anda sucio, descuidado, pero conectado con la tierra. Una porción ínfima, aunque porqué no decirlo, fundamental de este cuerpo. Y decirte que era todo lo que existió en esas 6 de la mañana de música y cuerpos cansados. Resulta que mi pie izquierdo vino a ser una ventanita para imaginarme tu mundo. 

Me entran ganitas de que nos riamos a carcajadas. ¿Cómo te sienta esa invitación? Tengo inmensas ansias de entregarte una risa estridente, de atrapar la música, de ir rodando por el piso. Dale, hagamos el amor de sonrisas, regalémonos el sonido límpido, besémonos con risotadas que nos ericen la piel. 

Yo quisiera saber. Quisiera saber cómo sabe tu cuerpo. Cómo abraza tu mirada, cómo besan tus manos, cómo duermen tus cabellos. Qué curiosidad, ¿qué color tendrán tus caricias, qué perfume tus besos? Sí, me da intriga, tengo dudas en cada uno de los dedos de mis manos.