Es sólo el
pie. Digamos, esa partecita olvidada de nuestro cuerpo que permanece escondida detrás
de unas zapatillas incómodas todo el tiempo. Un pie que otras veces anda sucio,
descuidado, pero conectado con la tierra. Una porción ínfima, aunque porqué no
decirlo, fundamental de este cuerpo. Y decirte que era todo lo que existió en
esas 6 de la mañana de música y cuerpos cansados. Resulta que mi pie izquierdo
vino a ser una ventanita para imaginarme tu mundo.
Me entran
ganitas de que nos riamos a carcajadas. ¿Cómo te sienta esa invitación? Tengo
inmensas ansias de entregarte una risa estridente, de atrapar la música, de ir
rodando por el piso. Dale, hagamos el amor de sonrisas, regalémonos el sonido
límpido, besémonos con risotadas que nos ericen la piel.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)